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| | Publicado: 07/20/2005 |  |
Un general, que le gusta la adrenalina
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El Rally de Pinchincha, organizado por el Quito Rally Racing Club, ha sido una excelente oportunidad para aquellas personas que por múltiples razones no pueden estar regularmente compitiendo al más alto nivel en el automovilismo nacional.
Dicho campeonato que se desarrolla mensualmente en la provincia ha sido también un punto de partida para varias personalidades que han descubierto en este tipo de competencias su verdadera afición al deporte motor como es el caso del general Paco Terán, director nacional de la Policía Judicial, que lleva compitiendo dos carreras, pero con alta dosis de emoción y mucha adrenalina.
El General comparte el volante de un auto Daweoo, categoría 2000 cm3, con el empresario quiteño Juan Carlos Espinoza, otro gran aficionado a las carreras de ruta.
¿Cómo se dio el ingreso de Paco Terán al automovilismo? Si bien toda la vida ha sido un apasionado por el deporte motor, pero por sus actividades, especialmente por el cargo que desempeña en la actualidad, veía como un sueño el estar directamente relacionado con el automovilismo.
El conocido automovilista Marcelo Redín lo invitó a participar en calidad de copiloto para la carrera que se realizó en Sangolquí en mayo. Su debut fue bastante bueno. Para la segunda prueba que se realizó en Cayambe por las fiestas de San Pedro, el resultado fue mucho mejor a pesar de haber sufrido un retraso por un daño eléctrico. Ganaron en su categoría y recibieron el premio de manos del alcalde de Cayambe, Diego Bonifaz.
El General está contento con el automovilismo. “Siempre fue un sueño, una pasión. Toda la vida estuve relacionado con los autos, pero hoy se ha hecho realidad este anhelo”, dice con emoción.
Paco Terán cuenta que nació en El Empalme, hoy cantón Velasco Ibarra, provincia de Guayas. Su padre César (fallecido) tenía un Jeep Willys con cajón de madera y todas las mañanas le acompañaba a las tareas cotidianas para ayudarlo y de paso a familiarizarse con el volante.
“Aprendí a conducir un auto a los 11 años. Ahí nació este bichito por el automovilismo”, dice. Posteriormente, la familia haciendo grandes esfuerzos económicos adquirió un bus tipo ranchera con el nombre de Cecilia, que sirvió para transportar gente por los alrededores de su pueblo querido.
“Para tener en casa la ranchera tuve que convencerlo mucho a mi papá contra su voluntad y por escuchar a su hijo pequeño, adquirió el vehículo en Guayaquil”.
Un día regresando de la escuela mi papá me dice: “Ahí está tu carro, tú verás qué haces”.
“Inmediatamente con mi hermano menor Fausto, que también fue policía, fuimos a buscar un chofer y lo pusimos a trabajar transportando gente a todos lados. Una tarde le llevamos el dinero fruto del trabajo y entonces mi papá se dio cuenta que era bueno el negocio y posteriormente se compró otra ranchera para trabajar él”.
Luego emigró muy jovencito a Latacunga para estudiar en el Instituto Vicente León, después arribó a Quito y se vinculó al Colegio Militar Eloy Alfaro. “Mi aspiración era ser oficial del Ejército, pero por cuestiones aún no aclaradas las autoridades de esa época dieron la baja a toda la promoción 18 donde yo estaba. Entonces tuve que buscar otros senderos y la Policía Nacional me abrió las puertas”.
“Hoy soy un General de la Policía, pero me siento un hombre del pueblo, un hombre sencillo, un hombre responsable y vertical en los procedimientos”.
Siendo capitán se hizo cargo de la mecánica de la Policía en el sector de El Batán. Su trabajo de cinco años le permitió adentrarse por completo al mundo de los autos. “Allí prácticamente me vinculé al ‘sofware’ del motor”.
El General posee otras aficiones que tienen que ver con el vértigo y la adrenalina como el rodeo montubio y la equitación. Hoy, a sus 54 años, está disfrutando de un deporte que siempre lo tuvo como lejano. “Agradezco a Marcelo Redín y a Juan Carlos Espinoza por esta oportunidad”.
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